De pasajero a caminante
Por Nico Espinosa - Ene 07

En el año 1978 yo manejaba un ómnibus, “El ómnibus mágico”, un programa de rock que transitaba las rutas de los domingos de 21 a 24 horas, junto a Juan Pastoriza, en la legendaria radio Chaco Boreal de la calle Coronel Bogado.

Aquel mágico ómnibus recorría todas las vertientes del rock de entonces, mucho blues, fusión y algo de punk, estilo que todavía no contaba con seguidores en los barrios de Asunción en donde gente viene, gente va, y en las periferias ni siquiera sonaba el tambor. En el programa llegaban sueños vestidos de jeans gastados y de pelo largo, casetes repletos de ideas en el lado A y con el lado B generalmente vacío, porque entrar a un estudio y grabar alguna cosa costaba más que un viaje espacial.

Fue así que conocí a Rolando Chaparro, flaquito, esmirriado, algo tímido y todavía no lucía el revoltijo capilar que después lo identificaría.

Apareció en la parada del Omnibus Mágico en una noche de otoño, supongo que era otoño porque no hacía frío y tampoco hacía calor. Subió al ómnibus en compañía de otros dos y se presentaron como “AXE”.

Desde entonces, mucha música sonó bajo el puente del rock nacional, otros programas de rock se sumaron a la tarea de difusión, se organizaron conciertos, algunos memorables, el rock se diversificó y se acabaron las zapadas. O sea, crecimos.

¿Y Rolando? Ah….Rolando! En todo ese tiempo se dedicó a las caminatas. Su tiempo fue ocupado en dar largos paseos por los callejones de la música urbana, pasando por las amplias y sinuosas avenidas del jazz, se lo vio cruzando los iluminados boulevares del jazz-rock , ensució sus pies con tierra colorada de los senderos folklóricos e hizo un poco de footing en la vertiginosa autopista del heavy metal . Dicen que está por subir a la vereda de la música clásica.

Indudablemente, Rolando hizo mucho kilometraje musical que lo ayudó a consolidarse como uno de los músicos e intérpretes más versátiles de la escena musical actual. Dueño de una sensibilidad a prueba de baches y de un gusto musical sin semáforos, sin barreras y sobre todo sin prejuicios. Desatendiendo las solemnidades, se convierte en un laborioso saltarín de proyectos, todavía no culmina el último y ya está conversando del nuevo que está en mente, su vasta discografía así lo demuestra y lo confirma sin necesidad de artilugios ni maquillajes. Sin miedo a equivocarme, puedo asegurar fehacientemente que talento y trabajo (esencial en un artista que quiere evolucionar), se escriben con “R” de Rolando Chaparro.